No es fácil escribir una reflexión sobre tu vida a los 24 años… el prejuicio que primero tomarían de respuesta a ello, sería que tienes demasiado ego. Y la verdad es que uno no se anima a escribirla, porque tampoco tiene demasiado sobre qué hablar. En mis 24 años nunca fui un escritor prolífico que sacase un éxito tras otro. Siquiera tengo una editorial detrás de mí financiando mis proyectos. Como actor tampoco he ganado millones, siquiera muchos miles. Participé en pequeños proyectos independientes, filmé algunos cortos y con respecto a teatro, nunca he visto un peso. Tan solo me dedico a actuar ante cientos de niños enfermos, en hospitales hediondos, que se caen a pedazos, con doctores que ponen toda su vida y su sacrificio en ello. ¿Y porqué acaso estaría contandoles esto a ustedes, queridos lectores? Porque si tuviese que volver a hacerlo todo de nuevo, así es como lo volvería a hacer. Porque fue gratificante. Porque todos estos años fue gratificante componer para amigos que hayan necesitado de un poco de inspiración, actuar ante niños que sólo requerían un poco de atención y de alegría, cantar ante esas personas que querés y que te sonríen instantáneamente… no necesitás tener el talento del arte guardadito en tu bolsillo. Necesitas ese efímero grito que te sale desde adentro y brilla en tus ojos, contagiando a todas las personas a tu alrededor y transmitiendoles un alto grado de felicidad. Se llama pasión. Y es inevitable decirles que es lo único que tengo, y que por suerte, estoy aprendiendo a manejarlo.
Aprender a manejar tus pasiones igual no es lo más sencillo. Sé que a esta altura se les olvidó mi edad, pero bien sabrán que a los 24 años, si hacés reír a niños enfermos, hacés deleitar los ojos de cientos de personas con pequeñas poesías de alguna noche de sufrimiento e inspiración… y, seguramente no vas a tener un plato de comida en la mesa de regalo. Esto no es un trueque. Uno debe trabajar… y es así como comenzaron mis problemas. Es así como sufrí el robo de un pendrive (artefacto diseñado para recolectar información de un computador, en este caso, con cientos de escritos y con una novela) que era la copia de seguridad más importante de mi pc dañada.
Era lo más importante que tenía… esto pasó en 2010. Nunca más volví a escribir algo serio… hasta hoy. Entre los tantos shocks de amores que padecí, uno por uno fueron afianzandome más, tomando nuevas experiencias y nuevo material para escribir también. Y claro, han sido muchos… encariñarte con alguien es duro, pero también da sus frutos entre todas tus poesías.
¡Siquiera volví a actuar con frecuencia! ¿Comprenden? En teatro nos volvimos más dispares, cada uno se centraba en sus proyectos, yo continuaba de gira con bandas que no me gustaban, pero me dejaban dinero y conocía mucha gente. Me gustaba conocer gente… y me gustaba trasnochar, claro está. Me gustaba el ambiente de la música, todos se movían tan despreocupados que uno pensaba ‘yo también quiero vivir así, con la cabeza tan en blanco’.
Hoy en día estoy apegado a las poesías. Claro, perder la inspiración, perder tus escritos más preciados, sentir la frustración… y, es todo un combo. Pero sé que si despierto nuevamente esa pasión, voy a explotar. ¿Qué puedo decirles, queridos lectores? Más que hacerles entender el motivo de este confesionario. Era bastante pesado cargar con un sinfín de desesperanzas y pérdidas del conocimiento artístico. Escuchar Ralph Vaughan Williams fue lo mejor que me pasó en el verano pasado. Escribir mi propia Oda Ascendiente y sentir como se me erizaba toda la piel, dandome el último shock de inspiración que tuve, para crear a Elizabeth Livett… fue mágico. El lamento de nunca más poder haber tenido sus palabras (mis palabras) en mis manos fue letal.
Pero ahora… tengo un nuevo amigo que enseñarles, un artista maravilloso, y eso, sin dudas eso me hace ascender…
Para todos mis queridos lectores con afecto,
Máximo.
Yo pensé que había comentado esta entrada el día que la leí...
ResponderEliminarNo puedo decir mucho porque cambiaría el rumbo de las cosas, sembraría preocupaciones en donde no las hay, alimentaría dudas en donde no hay hambre de ellas y así...
Fue todo muy sincero, y no es ego, como diría Gustavo "No es soberbia, es amor".